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Todavía no me creo que esté aquí después del interminable día de ayer. Estoy en el Root Institute, un lugar apartado, silencioso y tranquilo, en una habitación que parece una casita a pie de jardín. Todo el lugar es budista y la onda es de 100; es para quedarse aquí un mes. He dormido muy bien pero estoy convencido de que voy a dormir aún mejor los próximos días.
Desayuné y me aventuré a buscar una lavandería para la ropa, recargué el móvil y aproveché para hacer algo que tenía ganas de hacer ahora que ya empezaba a tener una buena barba: afeitarme en plena calle. Por menos de dos euros me dejaron la cabeza perfecta para reflejar el sol; el índice de reflexión de mi cuero cabelludo es del 95%. Mientras el barbero trabajaba con la cuchilla arriba y abajo, vi que se estaba armando movimiento y un hombre se acercó a decirme: “Dalay, Dalay”, yo, que ya estaba mimetizado, moví la cabeza como un muelle y me lo quité de encima. A los pocos segundos me enteré de que era el Dalai Lama quien pasaría por la calle con su comitiva; presto me levanté para asomarme a la carretera con toda la espuma de afeitar en la cara y el babero lleno de pelo mientras hacía un pranam; por suerte, nuestras miradas no se cruzaron, de haberlo hecho, recordaría por siempre la imagen del Dalai Lama mirándome mientras un guiri a medio afeitar trata de no añadir mayor desastre con la baba a medio caer.
Hay bastante policía paseando por las calles e incluso dentro de los cajeros automáticos (ATM), por lo que deduzco que deben haber tenido episodios de falta de seguridad, aunque no he visto nada similar en ninguno de los lugares donde he estado antes.
Por otro lado, los ashrams siempre tienen una garita con vigilante de seguridad para evitar el acceso al recinto de cualquier extraño, aun así, la puerta de la habitación, siempre, y vayas al ashram que vayas, está diseñada para ser cerrada con un candado y un pestillo de esos que se usan en las cárceles: de los grandes. Aún con todo esto, si eres desconfiado no hay pestillo y candado que por muy grande que sea, vaya a evitar que antes de salir de la habitación revises bien si el portátil aguantará escondido sujeto con hilo dental debajo de la mesa de escritorio...
Es fantástico viajar con muchos días a tu disposición porque te permite planear sin prisas. Aquí, por ejemplo, en Bodh Gaya, los tres primeros días los he dedicado a disfrutar del aterrizaje en este maravilloso ashram en el que se siente al gallo por las mañanas y a los grillos por las noches; esto en la India es casi un milagro.
El lugar solo tiene un “pero” y son los mosquitos. Al estar el lugar rodeado de vegetación, los mosquitos han hecho de esto su Port Aventura y puedo sentir sus risas lanzándose contra mí mientras medito o duermo.
Habitación en el ashram de Bodh Gaya, en el “Root Institute”
Los tres primeros días he dormido y meditado totalmente cubierto como si fuera un soldado de asalto; solo se me percibían los dos orificios nasales y a punto he estado de respirar con pajita para mejorar la técnica.
Al cuarto día compré el típico adaptador de corriente mata mosquitos; tarde y tras muchas batallas libradas…pero espero ganar la guerra!
Bromas a parte, este lugar es para quedarse un mes; la época del año es fantástica porque no hace nada de calor y tampoco frío, el tiempo es perfecto para ir ligeramente abrigado, conservar intacto el desodorante y sentir vayas donde vayas que sigues siendo el único superviviente de la civilización occidental.
Unas veg momos, una tomato soup y una masala veg en el Mohamed’s restaurant
Cuando callejeas, descubres que los hombres están en la calle buscándose la vida y las mujeres en las chozas con los niños; todos ellos tratan de capturar tu mirada para abordarte y empezar su ritual de súplica y seducción, cada uno tiene su técnica, pero hay dos preguntas que se han consolidado como cebo para el turista: where are you from y where are you going; con esto, al principio picas fijo.
Cada uno viaja como mejor sabe, para mí es prioritario poco y de buena calidad, que mucho y rápido, lo primero es a las relaciones consolidadas como lo segundo es a los encuentros esporádicos; como viajero consolidado me ciño a la primera variante; es en esta línea que hoy, cuando ya habían pasado días suficientes y después de comer por segunda vez en un lugar que es genial, he decidido explorar más allá del primer radio de seguridad y me he dejado llevar sabiendo que la calle central me iba a llevar a alguno de los puntos de interés más relevantes de Bodh Gaya.
En efecto, mi recorrido se paró en el Templo del Buddha Tree; por cuestiones de seguridad debo dejar mis pertenencias en taquilla y al recibir mi llave, en ella está inscrito el 74, mi fecha de nacimiento, por lo que deduzco que estoy en el lugar y en el momento adecuados.
Templo del Buddha Tree.
Este lugar es sencillamente increíble, solo de recordarlo se me pone la piel de gallina, de nuevo, por la voluntad de Dios, he aterrizado en este lugar en la celebración del 17 aniversario de un tal Rimpoché y claro, este lugar está que parece que va a salir levitando. Grupos enormes por doquier de monjes budistas en los jardines recitando al unísono, trompetas, platillos, la multitud caminando en sentido de las agujas del reloj a lo largo de todo el recinto y en el centro, el simbólico edificio y el árbol donde se iluminó Buddha.
Monjes recitando delante del Buddha Tree
Camino que casi me como el suelo porque estoy como hipnotizado; es el encuentro de carácter religioso más contundente en términos visuales y energéticos que he visto nunca, más que la Mela en Allahabad. Por desgracia no puedo inmortalizar nada porque mi móvil está en la taquilla, pero bueno, internet va sobrado con imágenes y videos de este lugar.
Me siento en unas escaleras al lado de un quemador de incienso que me obtura las fosas nasales y con vistas a todo lo que acontece en frente mío y decido quedarme ahí hasta que caiga el sol; simplemente trato de no pensar y sincronizarme con el ambiente. Al cabo de poco recupero un pensamiento potente que me ha acompañado desde los primeros días y siento que este lugar entra en perfecta sincronía con él, por lo que aprovecho para empezar a practicar a modo de mantra: “quiero estar exento de juicios y de juzgar, quiero estar exento de juicios y de juzgar, quiero estar exento de juicios y de juzgar…”
Buddha gigante
En Varanasi pasó algo que no conté y que sin embargo fue una de las cosas que no olvidaré de mi paso por el lugar. Cuando yo tenía 12 años y empezaba a desmontar cosas para saber cómo funcionaban, un amigo de clase y que vivía en mi mismo edificio, me presentó a un vecino de la escalera, Felipe. Felipe en ese momento tendría unos treinta y cinco años. Amante del tiempo libre, lo invertía en devorar libros, en su afición por la electrónica y en el maquetismo. Él me enseñó muchísimas cosas y me ayudó entre otras a consolidar mi elección por los estudios en electrónica. Abogado del diablo nunca opinaba, pero su virtud para la escucha era tal, que siempre que ibas a su casa había alguien en su biblioteca comiéndole la oreja.
Yo me aficioné a bajar casi todas las tardes y se convirtió casi un ritual permanecer sentado en el rellano del ascensor esperando a que volviera del trabajo para pasar la tarde con él: yo, esperando sentado a mi amigo Felipe para aprender de él.
Todo esto lo cuento porque sentado en la puerta de Lahiry me sentí como esperando a Felipe, a mi amigo, y no es casual que así sea, por lo que desde ese momento se creó un vínculo mental entre Felipe y Lahiry que recuerda en mucho a la relación maestro-aprendiz.
En Allahabad también tengo un recuerdo interesante de mencionar y es que, en el Ashram de Kriya Yoga de Allahabad, hay un maestro y gurú de Kriya Yoga que lo lidera y lo dirige.
En varias conversaciones con los devotos del ashram, cuando les ponía en conocimiento que yo practico el Kriya Yoga de Paramahansa Yogananda, al poco, todos coincidían en compartir conmigo el hecho de que para ellos era vital tener a un maestro vivo. Para mí, el Gurú siempre está ahí; según palabras de Yogananda, “incluso desde el astral puedo hacer más por ti, porque desde ahí, mi capacidad para ayudarte no tiene límites”.
Lo que he aprendido es que cada uno está conectado astralmente a su gurú; un maestro al que llevas unido desde muchas vidas pasadas y con el que te vuelves a encontrar, por lo que no hay elección sino atracción y no caben justificaciones posibles sino una sencilla rendición.
En Noida la energía es de amor hacia Dios y el Gurú, por ello también mi necesidad de recordar la importancia de la técnica del Om, en Rishikesh es la perfección en la práctica del Kriya y la práctica de la entrega a Dios como forma de expresión de amor hacia Él, en Allahabad es la conexión con la metafísica de los ejercicios energéticos y la necesidad de construir un mapa energético-nervioso en tu cuerpo a través de los mismos, en Varanasi es el reencuentro con la relación maestro-discípulo y en Bodh Gaya es energía de conocimiento en estado puro.
Estando aquí, leyendo las nuevas lecciones de SRF, he empezado con la técnica del Hong So y estoy completamente emocionado por lo genialmente estructurada que está la lección, por lo bien explicada que está la técnica y por la energía que desprenden los textos; ahora entiendo por qué la ceremonia de presentación de las lecciones llevó tanta pompa y platillo, y es que realmente estas lecciones se van a convertir en la guía y luz para millones de personas en el mundo por su enfoque tanto científico, práctico y luminoso, algo que creo que seducirá a un mundo occidental que busca la verdad no a través del sermón o la fe ciega, sino a través de métodos científicos y prácticos; no por nada Yogananda visualizó las áreas de impresión llenas de multitud de imprentas trabajando a tutiplén.
Como resultado de todo esto me sobrevino un respeto enorme por este maravilloso trabajo realizado por parte del Gurú y SRF, y estuve tratando de poner palabras a la sensación de gratitud que tenía dentro de mí; finalmente encontré en uno de los textos adjuntos a la lección del Hong So la respuesta exacta a lo que estaba experimentando: “la forma de honrar tal regalo es utilizarlo con reverencia y atención”. Para mí, esto significa tomártelo muy en serio y poner toda tu atención en ello.
La noche anterior conseguí una tela para los mosquitos, así que lo único que he sentido ha sido el impacto de su fuselaje contra ella; creo que no les ha gustado la idea. El aparato para los mosquitos que compré, (por mucho que el tipo me dijera que era para los mosquitos), finalmente ha resultado ser un ambientador que en el mejor de los casos huele a Lavanda…al menos los mosquitos tendrán la sensación de volar limpios…this is India…
De nuevo y por último día estoy en el templo del Buddha Tree, hoy con mejores sensaciones. La anterior vez llegué un poco cansado al lugar y la energía que había en el ambiente era demoledora, literalmente me fundió los plomos, cuando llegué a la habitación apenas pude meditar, pero hoy es diferente y ante la sospecha de que todo iba a ir mejor he decidido volver a meditar en frente del árbol. Al finalizar me ha quedado una sensación buenísima, una manera genial de decir adiós a este fantástico lugar. Me preguntaba ¿cuándo te volveré a ver?
Espero que los hábitos que estoy construyendo con respecto a las prácticas se consoliden y puedan soportar la dureza del cotidiano una vez esté de vuelta a casa. Creo que esta es la parte más cruel de vivir en Maya. Maya es incansable, inagotable, indestructible, por eso Yukteswar dice: “debes meditar incansablemente hasta conseguirlo” y escoge el término incansable de manera muy consciente. Por suerte para mí, en este camino espiritual no sé cuántas veces caeré y me volveré a levantar, pero lo que sí que tengo claro es que hace ya mucho tiempo que llegué a la conclusión de que en mi vida no hay opción, este es el único camino, así que por mucho que Maya me quiera tentar, me siento como el conejito de Duracel “pero conectado a la corriente”.
Otro detalle muy interesante aquí, en el Ashram de Bodh Gaya, es que durante la práctica del OM, desde el primer momento en que te tapas los oídos sientes el OM, y no ha sido cosa de un día, sino de todos los días, por lo que me parece alucinante y tengo la sospecha de que más que venir de dentro de mí, es como si estuviera el ambiente impregnado de Él.
Mañana salgo para Ranchi, otro destino que me ilusiona mucho. En mi cabeza está construida la idea de que allí poco hay que visitar, por lo que en principio será un lugar donde permanecer en el ashram twenty-four hours, profundizar en la práctica, la lectura y tomar baños de sol…veremos al final qué tiene preparado para mí este destino.
Hoy he salido para coger el tren y si no llega a ser por Dios y el Gurú, lo pierdo. Después de estar mirando un tren (que había venido 20 minutos antes al andén) por arte de magia me da por mirar el número de tren en los carteles que hay en cada vagón !!!y descubro que coincide con el mío!!!!…no tuve tiempo ni para flagelarme porque en cuestión de 3 minutos exactos abandonaba la estación.
He tenido la suerte de compartir el viaje con una familia encantadora que han hecho de mis cinco horas un abrir y cerrar de ojos; me han invitado a todo tipo de brebajes y aperitivos exquisitos que de manera continua se preparaban y se servían a lo largo de toda la travesía en medio mismo del vagón y evidentemente he recibido una enorme lección de hospitalidad. También he aprendido que a los transexuales la sociedad no les da oportunidades, están como excluidos, y está asumido darles limosna; es muy curiosa la forma en que te la piden; por cierto, 10 rupias es lo mínimo que te aceptan y no te pongas farruco porque recuerda que la torta que te llevas proviene de una mano de tamaño XXL.
Cada vez que los veo tirar los envoltorios, las sobras de la comida o cualquier cosa por las ventanas de los trenes, autobuses o simplemente mientras caminan por la calle, me acuerdo de la película española “1 franco 14 pesetas”, porque la película ilustra gráficamente que los españoles éramos exactamente iguales en los 70’s, por lo que he aprendido a no rasgarme las vestiduras, aunque tengo que reconocer que me resulta rarísimo cada vez que lo veo.
Foto con la familia con la que compartí el viaje en tren
Información de interés
Transporte:
Tren desde Vanarasi a Bodh Gaya; coste: 200 rupias. rickshaw desde la estación de trenes al Root Institute; coste: 700 rupias.
Alojamiento en Bodh Gaya:
Root Institute, Bodh Gaya
Teléfono de contacto: +91 9934 249 989
Contacto y reservas: info@rootinstitute.com
Web: http://www.rootinstitute.com
Donativo recomendado: 1000 rupias / día, comidas no incluidas.
Cosas a visitar:
Aquí en Bodh Gaya hay muchos templos para visitar, pero yo simplemente voy a citar aquel en el que más tiempo estuve y el que creo que es un punto muy potente de energía, el Mahabodhi Temple. Si además coincides con la celebración de algún centenario, el lugar se transforma en algo increíble. El lugar es el complejo en el que se encuentra el árbol donde se iluminó Buddha.
Para comer, sin lugar a dudas el Mohamed's restaurant, además te lavan la ropa de un día para otro y esto es muy práctico.
Importante
Si no has leído todavía la sección Consideraciones, no olvides hacerlo. En esta sección encontrarás información muy valiosa que te puede ahorrar muchos dolores de cabeza. En particular, hay detalles relacionados con tarjetas de crédito y el uso del móvil que son esenciales.