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El viaje es largo pero cómodo. He gastado 40€ en un taxi y esta vez creo que no tendré que compartir la
pastilla de jabón...
Justo cuando estamos a punto de llegar, el paisaje cambia. Colinas con grandes
piedras
redondeadas y campos de arroz captan mi atención. Todo empieza a parecerse a los videos que vi meses
antes en
internet.
Tan pronto me relajo y me reclino en el cabezal del asiento del taxi, me sorprendo de nuevo. A través del cristal delantero diviso una gran montaña con forma de pezón: la "colina de Arunachala", la montaña que tanto tiempo había deseado ver y con la que tanto he soñado. Esa imagen se conjuga poco a poco con la visión de las grandes torres del gran templo de la ciudad. Son alucinantes, todo dibuja un escenario de ensueño, especialmente si has esperado tanto tiempo este momento. Qué lejos quedaba esto cuando hace tan poco que estaba en Rishikesh.
Templo de Arunachala
Ahora que me acerco al corazón de Tiruvannamalai, empiezo a ver carteles de Amma, y me resulta simpática la relación entre estar aquí y conocer a la persona que aparece en los carteles, y es que Amma está a tan solo unos 300 km de distancia.
Me doy cuenta de que los días en Puducherry y Chennai han creado una especie de "brecha" entre las sensaciones de Puri, Dakshineswar y Ranchi, en el sentido de que estas fueron muy intensas en cuanto a las meditaciones y la relación con los maestros, y eso se nota mucho. Ahora, aquí en Tiruvannamalai, aunque no hay nada que me recuerde a los maestros, ya sea un altar, una capilla de meditación de Yogoda, etc, la fuerza de Ramana Maharshi, el santo del lugar, es tan fuerte que recupero la intensidad de las buenas sensaciones de días anteriores. De alguna forma, "vuelvo a conectar". No debemos olvidar que llevo viajando por este país durante más de 40 días y es todo un reto mantenerse equilibrado y conectado con la cantidad de cosas que pasan. El constante flujo de energías con el que interactúas catapulta tu devoción y otras veces te confunde y no sabes por dónde vienen los tiros. El caso es que todo junto hace un cóctel digno de respeto.
Los dos primeros días me alojo en un hotel fantástico, exactamente frente al ashram de Ramana y a 10 minutos caminando del gran complejo de templos de la ciudad, el Arunachala Temple. Como he llegado pronto, me da tiempo de visitar el ashram de Ramana.
Este lugar es fantástico. A grandes rasgos, lo conforman la zona para residir, una librería muy nutrida y tres espacios importantes: un templo, la sala grande de meditación y la habitación con la cama de Ramana. Todo en un gran espacio con muy buena energía, donde transitan multitud de visitantes, pero en ningún momento tienes la sensación de estar en un lugar donde la multitud resulta incómoda; todo el mundo está muy en sintonía con el ambiente. La gente se sienta en cualquier lugar simplemente a "estar", impregnándose de la buena onda que habita el lugar.
La sala grande de meditación tiene una energía impresionante y la multitud se reparte por doquier a meditar en el fresco suelo de cerámica. Puedes percibir lo a gusto que se siente la gente en el lugar.
Samadhi de Ramana Maharshi
La librería tiene muchos libros de Ramana, en muchos idiomas y a unos precios de risa. No he podido evitarlo y me he comprado 8 libros, cuatro de ellos en inglés.
Desde el mismo ashram puedes iniciar el fantástico camino empedrado que te conduce por la montaña mágica de Arunachala hasta la casa donde vivía Ramana Maharshi y donde puedes meditar durante horas, ya que la energía ahí es alucinante. También se puede visitar la cueva donde estuvo muchos años.
Ascenso a la casa de Ramana Maharshi en Arunachala
Si vienes a la India y viajas al sur, este lugar debe estar marcado en tu "Agenda Espiritual" como un lugar obligado para hacer retiro. Digo "hacer retiro" porque creo que la magia de los lugares por donde he transitado en este viaje te permea mejor si decides residir en ellos un mínimo de tres a cuatro días. Las "visitas turísticas" creo que dejan otro tipo de recuerdo y sensaciones, pero esto es una opinión muy personal.
Ashram de Ramana Maharshi
Al día siguiente, me levanto pronto, desayuno y hago mi primera visita a la montaña. Durante todo mi caminar, descalzo, invoco a Dios y procuro estar en el presente, sintiendo cada piedra que piso. Finalmente, descubro para mi sorpresa que el camino termina con la visita a la casa de Ramana, donde ya hay varias personas meditando por todos los rincones; es simplemente alucinante. Durante la ascensión a la montaña, las vistas al gran complejo de templos en el centro de la ciudad no tiene desperdicio.
Ya he encontrado una bonita rutina para mis días aquí, que consiste en meditar aleatoriamente en las distintos lugares del ashram, una ascensión diaria a la montaña por la mañana temprano, y dejarme caer por cualquier rincón del lugar durante el día, leyendo o simplemente contemplando… ¿suena bien, eh?
Mi descenso de la montaña finaliza en la carretera, y vuelvo al ashram descalzo a recoger mis zapatillas. Este momento resulta casi mágico, porque se combinan la experiencia que llevo encima, producto de toda la vivencia en la montaña, con la sensación de ir descalzo por la calle (y recordando en todo momento lo bien que hice en vacunarme contra el tétanos…).
A continuación, me apetece mucho mostrar un extracto de uno de los libros que he comprado, en el que se narran brevemente algunas cosas interesantes de Ramana. Espero que sea de vuestro agrado.
Sri Ramana Maharshi nació en el pueblo de Tiruchuli (48 kilómetros al sur de Madurai) el 30 de diciembre de 1879. A los 16 años, cuando era estudiante en una escuela secundaria fundada por misioneros norteamericanos en Madurai, tuvo una experiencia iluminativa, espontánea y total, que lo convirtió en uno de los más grandes sabios de la India.
Renunció completamente a su vida ordinaria y viajó a Tiruvannamalai, un pueblo sagrado donde se encuentra la colina Arunachala, la cual es una manifestación directa del Señor Shiva, una de las tres principales deidades del Hinduismo.
Después de tres años, durante los cuales vivió dentro del templo principal y otros lugares en un estado de fuerte absorción en el cual parecía no tener conciencia de su cuerpo, se mudó a Arunachala, a la cueva Virupaksha, donde permaneció 17 años. En 1902, su devoto Sri M. Sivaprakasam Pillai le hizo una serie de preguntas sobre la búsqueda espiritual en general y sobre la indagación del yo. Así se formó la edición de 28 preguntas que apareció por primera vez en forma impresa en 1923.
Las instrucciones en el texto de "¿Quién soy yo?" detallan claramente la enseñanza principal de Sri Ramana, denominada "indagación del yo", la cual conduce directamente a la liberación del alma individual. Uno debe persistir en indagar "quién" está teniendo todo tipo de pensamientos que van surgiendo, hasta que finalmente el "pensamiento yo" se destruye y queda solamente el Ser no-dual. En esa condición de realización, no existe el "yo", ni sufrimientos, sino solo paz, silencio y beatitud absoluta. Uno debe mantenerse extremadamente alerta y no dejar que la mente divague. Las diversas disciplinas sobre la respiración, meditación, repetición de los nombres de Dios, etc., son solamente prácticas auxiliares y ayudan a que la mente se vuelva unidireccional. Así, la mente se fortalece y la indagación del yo puede llevarse a cabo constantemente y sin represión o violencia. Esta es en resumen la enseñanza principal de Sri Ramana Maharshi en el texto "¿Quién soy yo?"
Por lo pronto, mañana pasaré del hotel al ashram, y empezaré 6 días en este fantástico lugar; estoy muy contento por ello.
Momentos de inspiración.
"La libertad está más allá del silencio; este es condición necesaria, pero no suficiente."
"El tiempo existe tan solo para darnos billones de oportunidades durante nuestra vida para empezar desde cero en cualquiera de ellas."
"La humildad es entregarse, entregarse a Dios"
Pasan los días y sigo disfrutando de mi rutina diaria. Me levanto pronto y desayuno en el hotel; aunque he cambiado de residencia sigo yendo a comer y desayunar al hotel. Es la única manera de que los horarios establecidos por el ashram para las comidas no condicionen mi rutina. Acto seguido encaro el ascenso a Arunachala, lento, descalzo e invocando a Dios, tratando de mantener la mente centrada en ello. Ya me he hecho con un acopio de monedas para ir dándolas a lo largo del camino a los pobres que ocupan los bordes del camino en el ascenso incial. Una vez arriba, en la casa de Ramana, medito un rato y de nuevo encaro el camino de vuelta hasta el ashram donde me siento en la gran sala samadhi a leer un rato. A continuación voy a mi habitación y hago mi rutina de meditación; luego me dirijo a comer, y finalmente la tarde la combino con lectura en el ashram, trabajo, algún batido de plátano y de nuevo meditación. Estoy encantado. Cuando te asientas en la rutina, los resultados de las prácticas se vuelven más evidentes.
Estoy leyendo uno de los libros de Ramana Maharshi que compré "El camino de la realización del Ser", que trata de su vida y su proceso de autorrealización. En el libro hay un capítulo dedicado a Arunachala. A continuación, describo algunos detalles extraídos del libro que pueden servir para tener una buena idea acerca de la relevancia del lugar.
Sri Bhagavan (Ramana Maharshi) siempre incentivó el pradakshina (circunvalación) de la montaña. Hasta en el caso de personas ancianas o inválidas no lo desaprobaba, solo les pedía que lo hicieran andando despacio. En realidad, se supone que la pradakshina ha de hacerse lentamente, "como una reina encinta en su noveno mes". Ya sea en silenciosa meditación o con cánticos y sonar de caracolas, hay que hacerlo a pie y descalzo, no en vehículo. Los momentos auspiciosos son los de Shivarathri, la noche de Shiva, y Kartikai, el día en que la constelación de Kartikai (pléyades) está en conjunción con la luna llena, fecha que cae por lo general en noviembre.
Arunachala es uno de los más antiguos y sagrados lugares de la India. Sri Bhagavan declara que era el Corazón de la Tierra, el Centro Espiritual del mundo. Sri Shankara se refería a la montaña llamándola Monte Meru. El Skanda Purana declara: "Entre todos, Arunachala es el lugar más sagrado. El Corazón del mundo. Es conocido como el más secreto y sagrado Centro-Corazón de Shiva". Muchos Santos han vivido allí, mezclando su santidad con la de la montaña. Se dice, y Sri Bhagavan lo confirma, que aquí hay siddhas (sabios dotados de poderes sobrenaturales) que moran en las cuevas, ya sea con cuerpos físicos o no, y algunos dicen haberlos visto por la noche moviéndose como luces en torno a la montaña. En palabras de Ramana: todo el mundo tarde o temprano viaja a Arunachala.
Más de dos años pasaron desde su llegada a Tiruvannamalai hasta que Sri Bhagavan empezó a vivir en la colina. Hasta ese momento había permanecido constantemente en algún santuario o templo. Solo hacia finales de 1898 fijó su morada en el pequeño templo en Pavashakkunru, santificado muchos siglos antes por la presencia del Gran Santo Gautama Rishi. Y fue en este preciso lugar donde su madre lo halló. Nunca más dejó Arunachala. Al comienzo del siguiente año se mudó a una cueva en la misma montaña y posteriormente vivió en distintas cuevas hasta 1922, cuando se mudó al pie de la colina. Allí se levantó el actual Ashram y allí pasó sus últimos años en la Tierra. Mientras estaba en la montaña, vivió casi todo el tiempo en la pendiente sur. El Ashram está situado también al sur, justo al lado de Dakshinamurthi. "Estar frente al Sur" es uno de los 108 Nombres de Bhagavan que se entonan ahora diariamente ante su Samadhi (tumba).
Después de unos días subiendo a Arunachala puedo decir que la mente se está volviendo más fuerte lidiando con los pensamientos y más clara a la hora de ver "el escenario mental". Como dice Ramana: Arunachala, fuente de conocimiento y disipador de la ilusión.
Finalmente me decidí ir a visitar el gran templo de Arunachala. Lo bueno de tener bastantes días por delante es que puedes escoger el momento perfecto para hacer las cosas. Tengo que decir que el recinto es enorme y la experiencia fue alucinante. No sé si era por ser domingo, pero había bastante gente, sin ser excesiva, visitando los templos.
Sabía, por haberlo leído en el libro, que en una de las torres del templo hay un linga que es "la estrella" del lugar, y hacia ahí se dirigieron mis pasos. Me sumé a la cola y me adentré en el interior. Aunque está iluminado, la atmósfera te transporta a los decorados de las películas de Indiana Jones. La piedra es antigua y oscura, todo con relieves y grabados, los techos no muy altos y, por supuesto, flores, hojas y velas por todas partes. Al estar en la cola, te da tiempo a impregnarte de la atmósfera y al final acabas levantando las manos en posición de pranam quieras o no. Llega el momento de acercarse al lingam; toda la decoración y tallados previos son cada vez más intensos y justo cuando llega el momento, solo tienes unos cinco segundos para verlo. Ahí está, en el fondo de una sala oscura, rodeado de velas, un monolito negro oscuro, ejerciendo su poder magnético. Todo ello a los pies de la montaña sagrada, en el corazón de la tierra.
Una de las muchas cosas que estoy aprendiendo de Ramana a través de la lectura del libro es lo implacable que era acerca de lo inevitable del destino. Ya conocía este aspecto de la realidad porque lo he leído muchas veces, pero leer en sus palabras de qué manera hace referencia a la estricta inevitabilidad del mismo ha generado en mí un punto de aproximación mucho mayor al asunto. Tu destino está marcado desde tu nacimiento, así como las cosas que tienen que pasar y las que no, por tanto, están simplemente e inexorablemente esperando su momento. Lo único sobre lo que tenemos libertad es sobre nuestra identificación con el cuerpo y con los sucesos, por lo que en el mejor de los casos solo puedes convertirte en un "libre" espectador de lo que vaya a acontecer.
Otra frase que también me ha gustado mucho es: "Agradeces a Dios las cosas buenas que te suceden, pero no agradeces por igual las cosas malas que también te suceden."
Ramana Maharshi
Un detalle curioso de mi estancia en el ashram de Ramana es la convivencia con el frecuente sonido de los pavos reales que deambulan por el recinto.
¿Por qué digo detalle curioso? Déjame que te cuente…
Nací en Barcelona, en un edificio justo en frente del Zoológico de la ciudad; la jaula de los leones está a un salto de pértiga desde mi balcón. El Zoo es alargado y las distintas especies se reparten a lo largo del mismo, y mi edificio está a la altura de los leones y los pavos reales. Me crié escuchando el rugir intermitente de los leones y los cantos locos de esas aves durante la semana, y los domingos despertándome con las "sardanas" que se tocaban justo en el parque de en frente, "El parque de la Ciudadela". Ojo, no me quejo, aunque parte de mi tic en el ojo viene de estar inmerso en ese jaleo… ;)
Bromas aparte, es un recuerdo maravilloso y no lo cambiaría por nada. Hace ya veinte años que "abandoné el nido" y aquí, gracias a los pavos reales, me he reencontrado con mi infancia.
Otro detalle más curioso, si cabe, es el siguiente. Cuando desde casa hice las reservas en el ashram de Ramana, tengo que reconocer que, entre el "sí se puede" y el "no se puede", se intercambiaron algunos correos. Finalmente, las fechas quedaron claras y es por eso que tuve que combinar los nueve días entre mi estancia en el hotel y el ashram; seis de los cuales eran en el hotel y el resto en el ashram. El primer día en Tiruvannamalai, cuando fui a visitar el ashram por primera vez, le pregunté a un monje del lugar acerca de la política de restricción de días de estancia en el ashram, a lo cual me contestó que no tenía conocimiento de esa política. Inmediatamente mi cabeza explotó y empecé a pensar en cambiarme de alojamiento de manera inmediata, pero claro, es un lugar muy concurrido y solicitar alojamiento sin margen de maniobra iba a ser cosa de milagros. Y así sucedió. En el momento en el que el monje echó mano de la agenda de reservas para revisar disponibilidades, de manera increíble mi nombre apareció escrito justo para los días que deseaba alojarme, en vez de tan solo para los tres últimos días, como yo tenía programado… Om, Guru Om …
Todavía me quedan cuatro días aquí, durante los cuales seguiré disfrutando de mi bonita rutina y recogiendo los frutos del trabajo realizado.
Mi siguiente destino será Anantapur, otro destino muy esperado y deseado. En Anantapur voy a visitar el proyecto de Vicente y Ana Ferrer. Ambos son muy conocidos y queridos en España, especialmente en Cataluña, ya que Vicente fue catalán. Cataluña, es donde acudió a pedir ayuda durante los primeros años para arrancar el proyecto. Lo que consiguieron hacer en Anantapur de la mano de Dios fue increíble, y quiero ir a verlo en persona. Será un destino en el que además tendré contacto con muchos españoles, ya que son ellos los que principalmente realizan el voluntariado. No te pierdas la película donde el actor Imanol Arias interpreta a Vicente Ferrer de manera impecable. En ella se puede tomar conciencia del gran trabajo que realizó durante sus años en Anantapur junto a su esposa Ana Ferrer, la cual lidera actualmente, todavía en el 2024, el proyecto. Podrás encontrar la película en plataformas de streaming sin problemas, se llama "Vicente Ferrer".
Este texto corresponde a mi experiencia de regreso a Tiruvannamalai en 2024. Aquí las cosas han cambiado poco desde mi última vez en 2022, pero siempre que llego a este lugar me siento feliz y afortunado al mismo tiempo. Así que, con la ilusión renovada, me dispongo a compartir contigo mis reflexiones durante la estancia. ¡Espero que lo disfrutes y puedas sacar buen provecho!
Llego a Tiruvannamalai de nuevo. Tiruvannamalai es como un trabalenguas para la gente que todavía no sabe pronunciarlo. ¿Cómo llego a Tiruvannamalai? pues llego en avión primeramente a Chennai, desde Calcuta, y posteriormente habiendo sobrevivido a un viaje en autobús que ha puesto a prueba toda mi espiritualidad; así llego a Tiruvannamalai.
Desde donde me deja el avión, en Chennai, tengo que ir a la aventura a buscar una central de autobuses, localizar mi autobús, meterme en él y lanzarme hacia Tiruvannamalai, cosa que nunca antes he hecho, porque siempre he ido en taxi como un Maharajá. Pero en esta ocasión he dicho venga, atrévete, que ya va tocando. Así que, tras la aventura, he descubierto que me gusta, porque la verdad es que cuando tomas aviones te metes en una cabina que te transporta de un lado a otro y es como meterte en una máquina del tiempo. O sea, te pierdes la experiencia de viajar y, en el autobús, me he dado cuenta, a estas alturas de la vida, que te ofrece eso, te ofrece la experiencia de viajar porque vas viendo el paisaje, y quieras o no, también te relacionas con la gente del autobús.
Los autobuses corrientes no tienen aire acondicionado, y aquí en el sur hace calor. El autobús se mueve más que un caramelo en la boca de un viejo y es muy antiguo, pero te lleva a todas partes, y por un precio que es de risa. A mí me costó venir desde el aeropuerto de Chennai hasta Tiruvannamalai, un viaje de cinco horas, un euro y medio. Es verdad que el viaje es duro, pero tiene otras cosas que van compensando.
Autobuses en India
Llegué a Tiruvannamalai un día en el que la noche era auspiciosa astrológicamente, un día que se llama Maha Shivaratri. Es una noche en la que, por ejemplo, todos los devotos de Sadh Gurú, durante esa noche tratan de mantenerse despiertos para mantener la espina dorsal recta y favorecer así todas las influencias en los chakras, que durante esa noche auspiciosa vas recibiendo. Así que, por ejemplo, en el ashram de Sadh Gurú lo que hacen es organizar conciertos y actividades para mantener a la gente entretenida, despierta y por tanto erguida.
Después de haber hecho un viaje en autobús de casi cinco horas, ya encontrándome bien después de haber estado enfermo durante días, y por tanto, estando curado, me siento "on fire". Me dirijo al hotel, y de camino, veo a una muchedumbre de gente caminando por la calle, y le pregunto a una guiri, ¿por qué hay tanta gente caminando? me contesta, porque es Maha Shivaratri, ¿lo sabías? Y me cuenta que, aquí en Tiruvannamalai, la gente durante esta noche, se dedica a dar la vuelta a la montaña de Arunachala, que es una montaña sagrada, una materialización de Shiva.
A lo largo del año se hacen un montón de actividades relacionadas con Arunachala, y esa noche en particular la gente camina a todo su alrededor durante casi seis horas.
Durante estos días aquí, estoy yendo a comer a sitios donde me hacen sopa de tomate y noodles vegetales. Es lo único que estoy comiendo porque estoy saturado de la comida india; he alcanzado mi límite. He encontrado que los noodles vegetales y la sopa de tomate me gustan, allá donde voy los cocinan bien, así que me estoy alimentando de eso y de fruta, básicamente. No me importa repetir. Hasta que mi cuerpo no vuelva a recuperar el interés por la comida india, no me veo comiendo otra cosa.
Bueno, pues eso. Llego la noche de Maha Shivaratri a Tiruvannamalai y descubro que la gente está caminando por la calle descalza en modo celebración. Como me siento "on fire", y empiezo a encontrarme bien, me digo ¿sabes qué? me apunto a esto ya mismo.
Me voy al hotel, dejo las cosas, me descalzo y encaro la carretera tras la muchedumbre. ¿Cómo no me voy a apuntar a esto? ¡Soy incapaz de meterme en la cama sabiendo que puedo participar de este suceso!
Pues eso, me descalzo y me sumo a la comitiva como uno más. Hay que recordar que los indios, en la planta de los pies, no tienen piel, tienen goma Michelin, porque ellos caminan descalzos todo el día y por todo tipo de terrenos. Para ellos caminar por el asfalto, porque este recorrido se hace por asfalto, no es nada.
Yo, inconsciente de mí, me tiro a la aventura sin pensar en este detalle. Fíjate tú que vengo de haber pasado dos semanas con un resfriado y justo cuando me empiezo a poner bien, me lanzo a esta aventura, así que empiezo súper entusiasmado. Durante el recorrido hay un montón de Sadhus, a ambos lados de la carretera, que son estos renunciantes itinerantes con hábito naranja que hay por toda la India. También hay un montón de templos donde la gente se para, hace una pequeña adoración y continúa, además de multitud de puestos de comida y unos altavoces haciendo sonar un mantra de manera continua. O sea, una experiencia realmente increíble, la verdad sea dicha. Estas cosas solamente las puedes hacer en India.
Bueno, ahí estoy, son cuatro horas, ¿vale? Al cabo de una hora, todo es súper guay, pero cuando llevas dos horas empiezas a pensar, "vaya, qué grande es esta montaña, no se acaba nunca", pero sigues adelante, ya que todavía estás a tope con la ilusión.
A las tres horas me doy cuenta de que me molestan un poco los pies cuando camino, pero continúo, y al cabo de un rato, me miro las suelas de los pies y veo cuatro llagas enormes. Se me habían hecho cuatro ampollas, dos en cada pie, en el talón y debajo de los dedos. Además, tenía los pies llenos de mugre, negros como el tizón, de caminar por la calle durante más de tres horas, con unas ampollas que estaban a punto de reventar y me digo: "¡ay, ay, ay, que la estoy liando, que la estoy liando!". !!!Yo, que me estaba recuperando, y ahora voy y la fastidio con estos pies¡¡. Y me digo, "no, no, no, no, hasta aquí llegué". Trato de caminar un poco más con las chanclas puestas y veo que no puedo; mis pies están destrozados. No me di ni cuenta, y con el calor del asfalto, aunque yo no lo sentía caliente, el impacto constante coció mis pies y me salieron estas cuatro ampollas.
Veo que tampoco puedo caminar con las chanclas y digo, "pues nada, hasta aquí he llegado Arunachala, lo siento mucho, pero no voy a fastidiarme los pies por querer acabarte". Al principio me sobreviene el ímpetu de querer acabar, pero me digo, ¿sabes qué? aquí lo dejo. Así que me cojo un rickshaw y me voy para el hotel de vuelta. Una vez en el hotel, me lavo los pies mientras asisto a la barbaridad de ver cuatro ampollas que luchan por seducir mi atención, a cual más grande; no me lo podía creer…
Maha Shivaratri en Tiruvannamalai
He estado en Tiruvannamalai seis días. De esos seis días, cuatro me los he pasado cojeando. Allá donde he ido, lo he hecho cojeando. Poco a poco, cada día me iba sintiendo un poco mejor, pero los primeros días, pensaba, "Enrique, ¿cómo se puede ser tan tonto, Dios mío?"
Los dos últimos días ya podía ir con chanclas, pero aún notaba el talón sensible por el impacto al pisar. Tenía actividades programadas en Tiruvanamalai, pero en esta ocasión me ha apetecido estar muy tranquilo y apenas sin moverme. La dinámica ha sido meditar y visitar el ashram de Ramana. Allí hay dos espacios que me gustan mucho. En uno, está la habitación donde se encuentra la cama donde Ramana solía estirarse, dormir y recibir a la gente; la gente entra y medita en silencio. Yo visito este lugar todos los días y hago el mantra que Babaji le dio a todos los devotos de Kriya Yoga. Después, por la tarde, me voy a una sala donde está el samadhi de Ramana. Es una sala muy grande donde se canta y se dan vueltas alrededor de su tumba. Es un lugar muy bonito. Además, es muy fresquito y se agradece. Finalmente vuelvo a mi habitación y hago la meditación de la noche, no sin antes tomarme mi tan deseado batido de plátano.
Sala del samadhi de Ramana
Para comer me voy a un bonito restaurante donde hacen noodles vegetales y sopa de tomate y, después por la noche, mi cena es un mango lassi, que me encanta.
He venido aquí a disfrutar y en cada ocasión uno tiene que descubrir qué significa disfrutar. Y en Tiruvannamalai ha significado eso, esa rutina que me encanta. Cuando acierto con una rutina que me gusta, la sigo firmemente.
Otra cosa que me está encantando en esta tercera ocasión en India es que empiezo a sentirme integrado. Empiezo a conocer muchos trucos pequeños del día a día: cómo moverse, dónde ir, qué sí, qué no, etc. Y eso me permite fluir relajadamente. En estas condiciones tienes la sensación de estar viviendo una vida dentro de otra vida.
La relación entre cantar el mantra de Babaji y los sueños. Como recito el mantra con mucha frecuencia, estoy teniendo sueños en los que se revelan aspectos de mi naturaleza muy básicos, cosas con las que uno se ha ido encontrando, sobre todo, en etapas de su juventud, de su adolescencia, cosas que marcan mucho tu carácter. He tenido la intuición de que la práctica intensiva del mantra lo que ha hecho ha sido, de alguna manera, aclarar el agua turbia del karma para poder ver a través del inconsciente en los sueños estos patrones que hay grabados en el karma.
Ha sido muy interesante tener estos sueños donde he podido ver estos patrones kármicos con tanta claridad y, al mismo tiempo, la intuición de conectar la práctica del mantra con el hecho de que esto se haya revelado. Creo que la práctica del mantra y de las técnicas son herramientas para aclarar el velo, para limpiarlo, para hacer más transparente aquello que se opone entre tú y lo que hay dentro de ti. Esa es la intuición que he tenido.
El citado mantra me lo dio Swami Kriyanandaji en Ranchi, que por cierto es un Swami muy especial y particular, hay documentación acerca de él que revela a un personaje, a un monje de una gran estatura. Haber tenido el privilegio de estar con él en Ranchi es un honor, así como el hecho de haberme facilitado el mantra.
No hay que olvidar que cuando él me da el mantra, lo hace después de haberle preguntado: "Swami, ¿qué podría usted recomendarme para practicar la presencia de Dios durante el día?" y entonces me contesta: practica este mantra de Babaji.
Swami Kriyanandaji. Monje de Yogoda Satsanga Society
Todo esto me conecta con el libro "La práctica de la presencia de Dios" citado por Daya Mata en una de sus charlas. El caso es que hay muchas fórmulas para practicar la presencia de Dios durante el día. Y siendo esto, algo tan importante para un devoto, por lo menos para los devotos de Yogananda, haber descubierto, gracias a Kriyanandaji, que este mantra es un mantra para practicar la presencia de Dios, de repente he dado con aquello que en los últimos meses estaba buscando, porque simplemente tienes que recitarlo y, por ser una vibración sagrada, ya se encarga de hacer en ti todo el trabajo que tiene que hacer.
La práctica de la presencia de Dios
En el libro "Autobiografía de un Yogui" hay una foto en la que Yogananda está al lado de Ramana Maharshi.
Ramana Maharshi y Yogananda
A continuación dejo la conversación que tuvieron en su encuentro el 29 de noviembre de 1935.
Swami Yogananda:
¿Cómo se puede lograr el crecimiento espiritual de las personas? ¿Cuáles
son las
instrucciones que deben darse?
Ramana Maharshi:
Difieren según el temperamento de los individuos y según la madurez
espiritual de
sus mentes. No se puede dar ninguna instrucción a las masas.
Swami Yogananda:
¿Por qué Dios permite el sufrimiento en el mundo? ¿No debería, con su
omnipotencia, acabar con él de un golpe y ordenar la realización universal?
Ramana Maharshi:
El sufrimiento es el camino hacia la realización.
Swami Yogananda:
¿No debería ordenarse de otra manera?
Ramana Maharshi:
Es el camino.
Swami Yogananda:
¿Son el yoga y la religión antídotos para estos sufrimientos?
Ramana Maharshi:
Te ayudan a superar el sufrimiento.
Swami Yogananda:
¿Son el yoga y la religión antídotos para estos sufrimientos?
Ramana Maharshi:
¿Quién sufre? ¿Qué es el sufrimiento?
La montaña de Arunachala.
¿Por qué vengo a Tiruvannamalai siendo devoto de Yogananda? Porque aquí
está el
ashram de Ramana y es un lugar con una energía increíble. Tienes que estar aquí para darte cuenta de
ello.
Siempre que vengo tengo la costumbre de subir la montaña caminando descalzo y rezando, porque ese es
el
ritual. Subo la montaña hasta una pequeña casa donde vivió Ramana Maharshi con su madre durante
muchos años.
La gente llega allí y medita en silencio.
Yo siempre que vengo a Tiruvannamalai, todos los días, en algún momento de esta maravillosa rutina que tengo montada, me escapo y subo la montaña. Pero este año, por el tema de mis pies, no he podido. Pensé que a lo mejor el último día estaría mejor, y así fue. Los dos últimos días ya estaba bastante bien. No subí descalzo porque no quise tentar a la suerte, me puse unos calcetines y conseguí subir.
Cuando llegué arriba, el acceso estaba cerrado, así que no pude entrar a la casita a meditar. Me quedé fuera, rodeado de monos. Por suerte, no tenía nada de valor que me pudieran robar. Me senté allí y pude reconciliarme con la montaña, entender por qué es tan alucinante. Tienes que estar allí para darte cuenta de la paz que te rodea cuando estás allí con la actitud correcta y el corazón en su sitio. Creo que tienes la posibilidad de conectar con la esencia de la montaña y te da mucho, te da algo muy especial. Tanto es así que, después de estar un buen rato, decidí bajar. El camino desde la falda de la montaña, una vez abajo, hasta el hotel fue como ir flotando. La única vez que he tenido una sensación igual fue cuando estuve en Encinitas, en el ashram del maestro en Encinitas. Cuando llegué allí por primera vez, también tuve una sorpresa increíble; la sensación era igual de clara y profunda.
Llegué al hotel diciendo: "¡gracias a Dios! que en el último día he podido subir a la montaña, y la montaña me lo ha dado todo, haciéndome recordar por qué merece la pena venir hasta aquí, sin duda".
Esto es todo lo que ha dado de sí Tiruvanamalai este año. Como ya dije anteriormente, estoy muy contento de haber adoptado la actitud de valorar mi viaje personal independientemente de dónde esté, ya que esto me relaja muchísimo; si no puedo hacer lo que tenía pensado, no pasa nada, ya lo haré en otra ocasión. Lo importante es lo importante, y eso es lo prioritario.
Como ya comenté en viajes anteriores, la experiencia de venir a India con frecuencia hace que cada vez repitas más los lugares conocidos y deseados, y sean menos los nuevos por descubrir. Esto se traduce en que, en aquellos lugares que se repiten, las rutinas diarias se consolidan y crean un contexto ideal para disfrutar simplemente de "estar", disfrutando de aquellas cosas que has escogido hacer cada día y que son los "ineludibles" de tu estancia en ese lugar. Así que venir a India a "estar" cada vez está tomando mayor protagonismo frente al "descubrir". Cada vez son menos los lugares a descubrir que me interesan y es que, aunque el número de ashrams y Kendras de YSS en India es muy grande, la lista de aquéllos que reúnen las condiciones adecuadas para alojarse es corta.
Es por todo esto que, en este viaje de 2025, mi estancia en Tiruvannamalai se ha centrado en "estar", repitiendo todo lo que me gusta hacer en este fantástico lugar. Únicamente destacaría dos cosas nuevas. He visitado la cueva donde Ramana estuvo unos años viviendo y meditando. Es un lugar al que se accede por un caminito que desciende desde la casa de Ramana en la montaña de Arunachala. Está bien señalado e indicado. La cueva se ha integrado en una pequeña casita que permite el acceso de manera ordenada y mantiene el espacio controlado y vigilado. Es un espacio para 8 personas meditando y sin ventilación, así que en temporada de calor debe ser bastante difícil permanecer dentro. Ahora, en noviembre, se puede estar y debo decir que es una experiencia muy recomendable. Las meditaciones en este lugar son muy buenas.
Por último, decir que el ashram de Ramana ha cambiado ciertas cosas desde la anterior visita y, entre ellas, la más importante es que ahora solo brindan alojamiento a los devotos de Ramana. Yo en esta ocasión he podido esquivar el bulto, pero en mis futuras visitas deberé buscarme de nuevo un hotel para los días en Tiruvannamalai. Desconozco si en ese caso se me prohibirá asistir a las comidas en el comedor del ashram. Este año he comido por primera vez en el ashram y debo decir que me ha encantado. Espero en el futuro poder seguir haciéndolo aunque esté alojado en un hotel.
Aunque para esta ocasión he tenido recomendaciones de otros lugares que visitar dentro de Tiruvannamalai, con "personas especiales", he priorizado la tranquilidad y la calma que otorga el moverse poco y centrarse en pocas cosas. Así que he disfrutado mucho de la práctica del "estar" versus "descubrir". Y es que has de saber que venir a India en viajes tan largos como los que yo suelo hacer requiere administrar las energías. India es un país que para los occidentales exige mucha paciencia, tolerancia, buena filosofía y mucha energía para sobrellevar el hecho de estar moviéndose durante más de un mes en un país en el que los desplazamientos cortos se hacen duros por el ruido, el estado de las carreteras, los atascos y el volumen de gente y tráfico.
Así que, si aprendes a cogerle el pulso al país, al final descubres que tomarse las cosas con calma y administrar las energías es vital para sostener periodos largos.
Información de interés
Transporte:
Taxi desde el hotel en Puducherry al ashram de Ramana Maharshi en Tiruvannamalai; coste: 3700 rupias.
Alojamiento en Tiruvannamalai:
Contacto y reservas en el ashram de Ramana: stay@gururamana.org
Persona de contacto: Sr. Murti.
Donativo recomendado: voluntario, no definido.
Lugares a visitar:
El ashram de Ramana Maharshi. Excursión a la montaña de Arunachala donde también se puede visitar la casa donde vivía Ramana (lugar fantástico para meditar). Esta excursión empieza justo en el mismo ashram de Ramana Maharshi y se adentra en un paseo de 45 minutos a lo largo de un camino empedrado. Se recomienda caminar descalzos y lentamente para entrar en comunión con la montaña. La principal atracción turística de la ciudad: el conjunto de templos Arunachala Temple. La ruta de los 8 lingas, La ruta Girivalam de 14 km que se recomienda hacer por la noche para evitar las aglomeraciones.
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